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Ansia por Comer

Ansia por Comer

APETITO ANSIOSO

El ansia por comer es un deseo irresistible por consumir un determinado alimento, desencadenado por un estado emocional negativo.
Una paciente me dice: “doctor, ando muy ansiosa, por ejemplo, anoche llegué cansada a la casa después de un día terrible de trabajo, necesitaba algo, no sé qué, pero fui directo a la cocina, sin pensar abrí el refrigerador, buscaba algo, había un pedazo de torta del día de ayer, saqué el plato, un tenedor y me lo fui comiendo rápidamente, me empecé a sentir cada vez mejor… ah que alivio. Pero cuando terminé y me di cuenta, me vinieron las culpas ¿Qué hice?, de nuevo me puse a comer, ¿y la dieta?, si quiero bajar de peso y estoy tan gorda. Me remuerde la conciencia. Y de nuevo, los arrepentimientos. Pero me prometí que nunca más, que ahora sí que es verdad…”
El propósito es evitar dicho estado, la persona busca sentir placer, bienestar o alivio. Aliviar emociones como la tristeza, aburrimiento, ansiedad, frustración, vacío, rabia, soledad, cansancio, nerviosismo y otros. Estados que surgen tras un evento vital o un conflicto interno.
También el hambre, como sensación displacentera, debido a la restricción de una dieta lleva a comer ansiosamente.
Y en ocasiones, aunque parezca raro, luego de un evento exitoso, que significó un trabajo agotador, provoca ansiosamente la necesidad de gratificarse con algo inmediato y se busca la comida como una vía equivocada de felicitarse a sí mismo.

En cuanto a los estados de ánimo negativos, a veces la persona no está consciente de dicho estado y solo nota un malestar. Hay una dificultad para entender y manejar las emociones.

Conciente o no conciente de su emoción, la persona confunde un estado emocional con una necesidad física: comer. En ese momento no intenta descubrir que hay detrás del deseo de comer, cede ante la necesidad, se tranquiliza y no reflexiona acerca de lo sucedido, repitiéndose este padrón continuamente.

Metafóricamente, la necesidad de comer ansiosamente nace desde el estado emocional y viaja al sistema digestivo en vez de ir al cerebro y mentalizar la situación, enfrentarla y resolverla. En vez de pedir ayuda psicológica, que sería una conducta funcional, la persona come, así la sensación de malestar se transforma en una experiencia y conducta disfuncional.

CÓMO SURGE EL DESEO.

Otra paciente me dice: “no sé cómo me viene, es ganas de comer algo, es como una idea, se me pone en la cabeza. A veces trato de luchar en contra, pero la mayoría de las veces voy y como”
En ocasiones es la necesidad de sentir algún sabor en la boca, más raramente una sensación desde el estómago: “siento un hoyo en la guata y tengo que comer algo”
También se come algo cuando se ve o se huele un determinado alimento: “ yo me sentía bien, pero quedaron esos tapaditos del cumpleaños de mi marido, y de verlos, no me pude resistir y me los comí todos”.
El tipo de alimento que se busca es desencadenado por la exposición o el recuerdo de sus propiedades sensoriales, es decir, olor, sabor, consistencia y textura: “estaba tan mal, necesitaba sentir en la boca algo especial y me acorde de esa sensación de cómo se derrite el chocolate en la boca después de masticarlo, de esos chocolates duros, con almendras, y claro, fui a mi closet y tenía una barra, me la comí entera.”

CÓMO SE COME

Un adolescente me dice: “de nuevo me retó mi papá por mis malas notas, que por qué no me ponía a estudiar como mi hermana. Me dio mucha rabia. Cuando ellos salieron, me encontré con una bolsa de papas fritas, la verdad, no tenía hambre, pero prendí la tele, vi cualquier cosa, rompí la bolsa de papas y me puse a comer, una y otra y otra casi sin parar. Que rico, me fui sintiendo tan bien, un relajo, sin rabia. Era de esas bolsas gigantes, no me di ni cuenta cuando se terminó. Y ahí, estaba, lleno, no me cabía más, me sentí abotagado con mucha sed. No debí hacerlo, mejor hubiera chateado con un amigo, o salir a correr, pero de nuevo doc… me pasa siempre. Y de nuevo lo mismo, me prometí no volver a hacerlo, pero no me resulta.” Se buscan alimentos que sean fáciles de obtener, que no tenga que preparar o cocinar. Se abre el refrigigerador o se busca algo en la despensa.

Se come en forma relativamente rápida y sin hacer pausas. A veces de pié junto al refrigerador o la mesa de cocina. O se lleva el alimento a algún lugar en especial, al dormitorio, en la cama o, al escritorio si lo hay.
A veces en forma impulsiva (no se reflexiona) y otras en forma compulsiva (lucha interna).
Se puede comer una barra de chocolates, unos trozos de queso, una bolsa de papas fritas. Se pueden consumir en forma seriada, un alimento detrás de otro, o en paralelo un alimento junto con otro, mezclando sabores que no calzan, es una perversión del apetito.
Otras veces se “picotea” escuchando música o viendo televisión y se come sin darse cuenta una bolsa de maníes o una gran bolsa de cabritas que quedó luego de ir a un cine.
Más raramente se ingieren grandes cantidades de comida (sobre ingesta, atracones), que pueden apuntar a una patología más grave y debe diferenciarse del apetito ansioso. También, y en el otro extremo, debe diferenciarse el ansia por comer de la persona golosa o de un gourmet, las que pueden comer poco o mucho pero poniendo el acento en el placer sin una ansiedad previa.

En nuestro caso, la conducta transgrede normas sociales y de buenas costumbres. Se come a escondidas, en la noche, cuando se está solo o se disimula si se està acompañado.

En todas estas situaciones se pierde el control de la conducta y eso es lo importante: la pérdida del control de la conducta..
Posteriormente, luego de comer y aliviar su estado displacentero, surgen sentimientos de culpa, recriminaciones, arrepentimiento con promesas (buen propósito) de no hacerlo nuevamente, frustración, rabia consigo mismo y de nuevo una molesta ansiedad.
Si la persona no encuentra algo que la satisfaga, se angustia, se desespera o se irrita y continúa buscando cualquier alimento aunque no sea lo que quería.

EXPLICACIÓN NEUROBIOLOGICA

Los estados emocionales negativos y el hambre provocan cambios neuroquímicos en determinadas regiones cerebrales, especialmente prefrontales (que manejan la conducta como la impulsividad) y límbicas (que manejan la regulación de los afectos).
Provocan una disminución de los niveles de serotonina cerebral, lo que se traduce en displacer y aumento de la impulsividad, en nuestro caso, un estado emocional negativo con urgencia por comer.
Otro neurotransmisor, la Dopamina, tiene una correlación positiva y negativa en los niveles cerebrales en relación a la comida: mayor actividad dopaminérgica ante estímulos de comida atractivos; menor activación dopaminérgica durante estados emocionales negativos. Ambas situaciones llevan a un mayor deseo por la comida, a una disregulación emocional y una consiguiente conducta impulsiva.

Al comer, se produce una normalización de los niveles de serotonina y dopamina, neurotransmisores que se asocian con la sensación y experiencia de placer. Sin embargo el alimento es un estímulo con alivio momentáneo por lo tanto, dichos neurotransmisores se nivelan solo momentáneamente y al poco rato surge nuevamente la necesidad de comer.

¿CUAL ES LA SOLUCIÓN?

Si la persona no puede por sí misma manejar sus emociones frente a un evento vital o conflicto personal, debe consultar con un profesional de la salud. El psicólogo o psiquiátra trabajando en equipo con médico internista, nutricionista y nutriólogo puede resolver la situación.
Obviamente se debe descartar alguna patología médica como una disfunción hormonal, entre las que se cuenta la Insulinoresistencia, el Hipotiroidismo y otras. Como también de cuadros psiquiátricos como la Anorexia y Bulimia. Para luego proceder a una ayuda especializada.
Por eso, hay que tener presente que:
“Comer, no es solo una necesidad biológica, es además, una reunión en torno a una mesa para compartir el alimento, una conversación y quizás un sentimiento…”

About Armando Nader N.

Médico Psiquiatra. Universidad de Chile. Atención de adultos y adolescentes. Desarrolla su trabajo en el área de la Psiquiatría Clínica, la que combina el estudio biológico y psicológico del paciente, tanto de los Trastornos Psiquiátricos como de la Medicina Psicosomática.

SOBRE LA ANGUSTIA

Angustia

¿Es la angustia el motor de la creatividad humana?
¿Es la angustia el poderoso motor del crecimiento humano?
La angustia es tal vez el sentimiento más doloroso que conocemos. Es algo así como descender al infierno en donde todo lo malo y doloroso se concentra para recordarnos nuestra mortalidad y pequeñez.

He escuchado el relato de muchos pacientes en ese difícil tránsito que impone la angustia y el temor, el terror y el desvalimiento retratado en sus rostros me conmueve profundamente. Tal vez porque también lo he sentido y tal vez porque también me he despertado de madrugada con esa sensación terrorífica que quema en el pecho y que no desaparece con el despertar.

Pero ¿qué es la angustia?
La angustia la podemos entender como un estado de la dimensión existencial del hombre, por lo tanto, no es ajena al devenir de su existencia y de la sociedad y cultura en la que está inmerso.

Todo momento de la vida de los seres humanos obedece al paradigma imperante de la época. Nuestra época actual y en el Occidente, donde estamos, está partida en dos. Desde Descartes, el dualismo en todas sus manifestaciones ha ido ganando adeptos y formando nuestra mente hacia un determinado tipo de realidad. Hoy, somos buenos hijos de aquellos tiempos y si bien es cierto que tiene grandes bondades en el aspecto de la dualidad que hemos escogido (Occidente se adhirió a una posición materialista que nos llevó a un progreso técnico y científico sin precedentes en la historia) hemos descuidado el otro aspecto – espiritual – y hoy en día somos verdaderamente infantes en el tema.

La angustia es una representación de nuestro deseo y temor de disolvernos en la Unidad Cósmica, en el Caos, en la Trascendencia. Es el temor a perder el Ego por el que tanto trabajamos por fortalecer y crecer. Todas nuestras ideas acerca de la muerte intentan preservar de una u otra manera esta idea, incluso cuando importamos las ideas del Karma de Oriente, lo hacemos a nuestra manera: somos nosotros los que vamos a reencarnar, es nuestro ego. Sin embargo, creo que estamos muy lejos de la profundidad que encierra esta idea. Nuestro ego lo hemos encerrado en un cuerpo material y al morir este cuerpo ¿qué pasa? La ciencia materialista no lo puede responder – al menos por ahora – y no lo puede responder de manera científica y materialista para ser fiel a sus postulados. Para responderlo debe situarse y presuponer la existencia de otros planos de existencia no material y eso ya es dominio de la religión, del arte, de las creencias, la fe. Y es la parte de la dualidad que no enfrentamos o lo hacemos fragmentados, es decir, elegimos uno o el otro. El hombre se ha deshumanizado. La paradoja y la ambigüedad, claramente no son bienvenidas ya que dañan la mente lógica y racional. La apabullan y le restan credibilidad. El sentir – dicen – es el que está equivocado, es subjetivo, varía de persona en persona e incluso en la misma persona ¿cómo confiar, entonces?

Sin embargo, la angustia nos visita más de una vez en la vida. En la actualidad somos profundamente asépticos para tratarla. La idea central es eliminarla a como dé lugar, es desagradable, debe irse. Rara vez nos detenemos para preguntarle qué quiere o qué nos quiere decir. La vida moderna nos exige producir, vivir alegres y con una sonrisa eterna ya que así producimos más. Tan parecido a la música que le ponen a las vacas para que rindan más litros de leche.
Con el dolor a cuesta visitamos al médico para que nos calme y con unas pastillitas milagrosas y un par de gratas palabras nos vamos a casa confiando que tanto mal desaparecerá. Y efectivamente, empieza a desaparecer y surge en nosotros una sensación de agradecimiento y de tranquilidad porque tal enemigo se batió en retirada. Sin embargo, es solo el aturdimiento del comienzo ya que ahora tomará otras precauciones para hacerse sentir y al mismo tiempo instalarse lenta y solapadamente ya que es una treta extremadamente efectiva para usar en personas negadoras y/o que quieren estar eternamente felices.

La angustia además es fea. Es cosa que miremos a una persona angustiada. Su rostro se desfigura y su cuerpo se contrae, se enrolla, se achica, se retuerce. Es un cuadro que nos perturba, nos rompe la armonía, las creencias acerca de la belleza y todo lo que es bueno en la vida. Pero insisto, ¿por qué ha de ser feo tanto dolor? La honestidad con que está expresado ya es bella en sí misma. Lo que pasa es que le tememos, sabemos lo que siente y no queremos estar en su lugar y esa escena siempre nos recordará que ahí hemos estado y que en el futuro podemos volver a estar. Ahí debemos enfrentarnos con nuestra sombra, con la parte oscura de nuestra vida, es la noche que nos ha llegado y debemos interrumpir todo lo que estamos haciendo para irnos a dormir. Es el momento de meditar, de dirigir la mirada hacia dentro, hacia el mundo interior, hacia la vida que estamos llevando, es el momento del juicio y hay que dar cuenta y posiblemente no estamos preparados para enfrentar el veredicto.

Hablar de la angustia es hablar de la muerte y del destino. Es poner en entredicho nuestras creencias: afirmarlas o negarlas. En una sociedad hedonista en que se valora la juventud, la belleza de las formas frescas, la alegría, el buen humor, el éxito, la inteligencia, en suma una parte de la totalidad y sume en las sombras la otra dimensión de la vida, no puede ser bien recibido hablar de estos temas, pero que paradójicamente tienen que llegarnos en algún momento. Estos temas solo aparecen en la vida de una persona cuando ésta se ve golpeada por una crisis propia del vivir, cuando no puede evitarla. Por ello intentamos controlarla, mantenerla a raya y evitar que aparezca. ¡Cuántas acciones en nuestra vida y cuánta energía gastada y desperdiciada a fin de que jamás llegue a nuestras vidas! Nos hacemos buenos y trabajadores con el fin que nada “malo” nos suceda; damos el gusto o cumplimos exigencias y perspectivas ajenas con tal de no sufrir el desprecio o el aislamiento que nos pueden someter los demás si no bailamos a ese ritmo. ¡Cuántos estudios e investigaciones señalándonos cuál es el verdadero comportamiento feliz y cuáles son los caminos – paso a paso – que hay que seguir para ser feliz. Y no cumplir con el mandato social o familiar ¡es hacer que nos caigan todas las sentencias bíblicas encima! Y eso ya es demasiado difícil de soportar. Preferimos vendernos, hacer lo que nos piden, después de todo, no parece tan terrible. El problema es que el alma (aquella “cosa” innombrada o desconocida) queda solitaria y esa conciencia queda presa en sí misma. Sólo a través de la angustia puede clamar.
Hablar de la angustia es saber que los dioses (aquellas características nuestras sin expresión, desconocidas) están golpeando en nuestra puerta y no sabemos si abrir o escondernos para que crean que no hay nadie y se vayan rápidamente.
Hablar de la angustia es hablar incoherencias acerca de sí mismo y del mundo. Y eso es demasiado terrible. ¿Estaré perdiendo la razón? ¿Quién me querrá ahora, en este estado?

Sin embargo, la angustia sigue un curso que es posible reconocer. Para algunas personas, después de muchas y eternas noches de dolor intenso y desconocido a veces, conocido otras, comienza a aparecer una pequeña lucecita, sin forma al comienzo, muy débil, casi imperceptible. Una brecha se abrió y la invitación es a explorarla. Todo se ve diferente, desconocido y el miedo invade ¿añadir más dolor al que tengo? ¿Debo seguir aferrada a lo conocido – ya pasará el dolor – o debo atreverme a explorar a riesgo de empeorar aún más las cosas? ¿Se podrá entrar a la fuente misma del dolor y salir viva de ahí?
Entonces ¿cómo abordarla? Realmente ¿debemos evitarla? ¿Debemos considerarla una enfermedad y curarnos de ella? O tal vez ¿podría ser algún tipo de aviso que no sabemos descifrar? ¿Podría ser la puerta de algo desconocido en nosotros? Hay posiciones para todas ellas y aceptar alguna de ellas no necesariamente significa descartar las demás.

Uno de los caminos que propongo es abordar la angustia como una señal, un aviso, que ya estamos preparados para entrar a otras dimensiones de nuestra vida. Me refiero con ello, a algo parecido a un niño de un año en que pensamos que está preparado para caminar y lo alentamos a que lo haga. En ese caso ¿han pensado en lo que significa para algunos niños el hecho de ponerse de pie y que sus piernas tiriten y no los sostengan y se van al suelo? ¿Se han percatado de su mirada asustada cuando lo dejamos solo, de pie, al medio de la habitación? Para algunos niños son minutos, para otros son semanas de angustia. Sin embargo, una vez atravesado el portal de la angustia descubrimos un mundo nuevo: de mirar el suelo hoy vemos las estrellas.

La angustia puede ser fuente inspiradora porque te lleva a los confines de ti misma. Bajo ese estado – al igual que cualquier estado alterado de conciencia – miramos mundos asombrosos de formas inimaginables que, nos perturban, nos asustan porque pensamos que nos comerán o devorarán, se ven amenazadores y como oleadas se acercan y nos rozan o nos invaden completamente haciéndonos desaparecer ¿cómo soportar la nada? Rilke, el poeta, quien sufría cada cierto tiempo fuertes oleadas de angustias nunca quiso eliminarlas de su vida pues pensaba que si sus “demonios lo abandonaban, sus ángeles también lo harían”. Para Rilke, la angustia era su fuente de inspiración.

Haydée Cuadra Lefenda
Abril 2013

About Haydée Cuadra L.

Psicóloga Clínica, U. La República; Magister en Psicología de la Adolescencia U. del Desarrollo y Postítulo en Terapias Sistémicas Postracionalistas. Autodidacta en Psicoastrología desde 1983. Actualmente trabaja como docente en la Universidad del Desarrollo, en terapia en consulta privada y talleres de autoconocimiento a través de la Carta Astral (Psicoastrología).

Sugerencias para vivir en un mundo en crisis

Sugerencias para Vivir en un Mundo en Crisis

“…más allá del vivir y del soñar lo más importante es despertar.”
Antonio Machado

En este siglo XXI que estamos viviendo, lo único estable es la incertidumbre, y esto, si no es comprendido y asumido por los que estamos en este proceso, puede traer serias consecuencias en nuestra salud, estabilidad emocional y calidad de vida. Hoy todo cambia y evoluciona con la velocidad de la tecnología digital, y nuestros sistemas biológicos de adaptación al medio, que como especie, se demoraron 5 millones de años en perfeccionarse, se ven sobrepasados y como consecuencia de esto, somos fácil presa del estrés negativo y de toda una gran gama de trastornos psicofisiológicos que esto trae consigo. Y estos malestares, suelen abarcar un amplio espectro, van desde los problemas metabólicos hasta la depresión. Read more »

About invitado - Antonio Estévez M.

Psicólogo y Licenciado en Psicología, Universidad de Chile. Postrgrado en Psicología Procesal Sistémica, del Instituto de Terapia Cognitiva y de la Universidad de Roma, Italia. Director Clínica Cecop. Actualmente dedicado a la docencia y la psicoterapia para adolescentes y adultos, dentro de la línea procesal sistémica.

Evaluación de Personalidad

Ana María Morales A.

Psicóloga.

Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha intentado conocer y entender su propio comportamiento y el de los demás, (es así que surgen las primeras nociones y explicaciones del funcionamiento del aparato mental.)

A pesar de creer que “nos conocemos”, en diversas ocasiones nos sorprendemos frente a conductas que emitimos, las cuales nos resulta difícil explicarnos.

¿Por qué reaccionamos con tanta rabia frente a un problema?, o ¿nos molesta profundamente la actitud de alguna persona que estimamos?, o bien ¿por qué nos produjo una pena profunda cierta situación que parecía irrelevante?, es así, que continuamente nos enfrentamos con estas interrogantes a lo largo de la vida.

Pero, si estas reacciones o conductas no provocan mayores conflictos en nuestra vida diaria, nos puede producir curiosidad, tal vez lo conversemos con un amigo, leamos algunos artículos relacionados, pero no  tendrá mayor relevancia en nuestra cotidianidad.

Diferente es, si estos comportamientos nos provocan conflictos, ya sea a nivel personal, familiar, social o laboral. Es ahí donde debemos consultar a un especialista, para que nos ayude a comprender nuestras reacciones, las cuales van a estar determinadas por nuestra personalidad.

Personalidad, la vamos a entender como una organización estable donde sus procesos y funciones se van a manifestar en nuestras conductas, tiene que ver con nuestra manera habitual de ser, como nos vamos a relacionar tanto con nuestro mundo interno como con las personas que nos rodean. La personalidad es lo que nos indica como somos, y además, es lo que nos hace únicos y diferentes.

Cuando hablamos de personalidad debemos diferenciarla de dos conceptos con los cuales a veces se confunde, que son carácter y temperamento.

Carácter lo entendemos, como  las características que se van adquiriendo durante el desarrollo, mediante la socialización y va a tener relación con las normas sociales, es el resultado de cómo influyen las relaciones que establecemos y la educación.

Por otro lado el temperamento depende de una predisposición biológica básica hacia ciertos comportamientos. Y consiste en el modo afectivo de como se viven diferentes situaciones. Así por ejemplo tenemos temperamentos irritables, fríos, emotivos o cálidos, entre otros.

Cuando consultamos a un especialista debido a los problemas que se generan por nuestra personalidad, este, cuenta con diversas herramientas para poder realizar un diagnóstico.

Dentro del proceso de evaluación es posible realizar un Psicodiagnóstico, donde además de las entrevistas, uno de los test más usados es el test de Rorschach.

El test de Rorschach es un test proyectivo, donde a partir de un estimulo inestructurado, la persona que está siendo evaluada elabora una respuesta.

De acuerdo a estas respuestas es posible conocer su funcionamiento intelectual, afectivo, sus motivaciones, temores, impulsos y afectos. Cuales son los rasgos predominantes de su personalidad, sus principales mecanismos defensivos frente a las situaciones que le provocan angustia.

A través de las respuestas que nos entregue y como las explica o justifica, nos permite entender como esa persona organiza su visión del mundo tanto interno como externo, como establece sus relaciones con los demás y con sus propios aspectos y conflictos. Como se constituye su función de identidad. Nos permite visualizar su conflictiva predominante.

Es así, que el test de Rorschach es un instrumento de gran ayuda y apoyo a las entrevistas clínicas, las cuales son fundamentales en el proceso de evaluación de la personalidad.

About Ana María Morales A.

Titulada de Ingeniero Comercial y Psicóloga. Especialidad: Psicodiagnóstico.